viernes, 19 de septiembre de 2008

AROLDO

LIBRETO
No se ha podido encontrar el libreto en la red con la correspondiente traducción al español, por lo que sólo puede conseguirse
AQUÍ en italiano.

SINOPSIS ARGUMENTAL
Aroldo es un melodrama en cuatro actos con libreto de Francesco Maria Piave, a partir de estas dos obras: “The Betrothed- El prometido” publicada en 1825 por Walter Scott y puesta en música por Giovanni Pacini con el nombre de “Il condestabili di Chester” y un poema, también de Walter Scott, denominado “The lady of the lake- La dama del lago”, que ya había sido musicado por Rossini (éste último se utilizó para el cuarto acto). Algunos nombres de los personajes fueron tomados de “Harold, the last of the Saxon Kings- Harold, el último de los reyes sajones”, de 1848 y cuyo autor es Edward George Bulwer-Lytton.


La premier mundial tuvo lugar en el Teatro Nuevo de Rímini el 16 de agosto de 1857, bajo la dirección de Angelo Mariani y con los siguientes intérpretes:


Emilio Pancani
(Aroldo, tenor)
[caballero sajón]


Marcellina Lotti Della Santa
(Mina, soprano)
[esposa de Aroldo e hija de Egberto]


Gaetano Ferri
(Egberto, barítono)
[suegro de Aroldo]


Giovanni Battista Cornago
(Briano, bajo)
[piadoso ermitaño]


Salvatore Poggiali
(Godvino, tenor)
[amante de Mina]


Napoleone Senigalis
(Enrico, tenor)
[primo de Mina]


Adelaida Panizza
(Elena, mezzosoprano)
[prima de Mina]


Comparsas, cruzados, gentilhombres, damas, etc.

* Director de escena: Francesco Maria Piave
* Maestro concertador: Giuseppe Verdi


La acción tiene lugar alrededor del 1200, en el castillo de Egberto en Kent-Inglaterra (Actos I, II y III) y en las riberas del lago Lomond en Escocia (Acto IV).


ACTO I: En el castillo de Egberto se celebra un banquete para festejar el regreso de Aroldo de Tierra Santa. Mientras los invitados agasajan al héroe, su esposa Mina huye del salón atormentada por los remordimientos: estando Aroldo en Palestina, le ha sido infiel con Godvino, un invitado de su padre.


Esa huida no pasa desapercibida al marido que llega con Briano, un piadoso ermitaño que le salvó la vida y que ha accedido a regresar con él, convirtiéndose en su mejor amigo. Aroldo narra las aventuras pasadas en su larga ausencia y los peligros a los que se ha enfrentado, todos superados gracias al recuerdo, siempre presente, de su amada esposa. El relato prueba el profundo amor de Aroldo por Mina, produciendo a ésta un incontenible llanto.


Cuando Aroldo va a abrazarla, repara en que ya no lleva su anillo de compromiso, regalo de su madre en el momento de morir. Mina no sabe como justificarse y en ese momento retorna Briano avisando de la llegada de varios compañeros que quieren saludar a Aroldo. Al quedar sola, Mina, derrumbada, se deja caer en una silla. Aparece el padre que observa su agitación y con ello confirma las sospechas que tenía sobre el comportamiento de su hija. Mina decide confesar todo a su marido en una carta, pero Egberto detiene su mano argumentando el dolor que va a provocar en Aroldo y la vergüenza que esto supondría para la familia. Ambos acuerdan seguir silenciándolo.


En un rincón de la sala donde se celebra la fiesta, Godvino, molesto porque Mina se aparta continuamente de él, decide escribirle una misiva que oculta en un libro que se cierra con un pasador. Ha sido observado en silencio por Briano, quien corre a contárselo a Aroldo, pero confunde a Godvino con Enrico pues visten de manera semejante.


En plena fiesta, los presentes solicitan de Aroldo que cuente alguna gesta realizada por el rey Ricardo en Palestina. Pero él relata la historia de un hombre que traicionó a un amigo a través de un mensaje oculto en un libro. Dice además que esa narración es similar a la que se describe en el libro que hay sobre la mesa. Aroldo toma el libro donde Godvino ha dejado el mensaje secreto para Mina. Elena le dice que es Mina quien tiene la llave del pasador. Como ella duda en entregársela, Aroldo rompe el candado. La carta cae al suelo y rápidamente la recoge Egberto y se niega a entregarla. Mientras su yerno le insulta, el padre de Mina susurra a Godvino que le espere en los alrededores del cementerio para celebrar allí un duelo. Confusión y desolación general.


ACTO II: Es de noche en el cementerio del castillo que se halla flanqueado por una capilla iluminada. Llega Mina agitadísima, postrándose ante la tumba de su madre, donde reza con fervor pidiendo el perdón del cielo. Godvino aparece declarándole su pasión pero es rechazado enérgicamente por Mina, exigiéndole que le devuelva su anillo (robado como prenda de amor) y amenazándole con contarle todo a Aroldo. Aparece Egberto con dos espadas y ordena a su hija que se vaya. Egberto reta en duelo a Godvino. Éste, al principio, no quiere enfrentarse al anciano pero ante sus insultos, tomando la espada que le ofrece, acepta el combate. El ruido de la contienda llega a oídos de Aroldo, quien pone paz entre los duelistas, haciendo que Godvino baje la espada. Después lo desarma y le da la mano.


Incapaz de contenerse por más tiempo, Egberto dice a Aroldo que ha dado la mano al hombre que lo ha deshonrado. Aroldo exige explicaciones que su suegro no quiere darle. Aparece de pronto Mina pidiendo perdón y confirmando con ello su adulterio. Aroldo pasa de la sorpresa a la furia y arrancando la espada de la mano de Egberto, se abalanza sobre Godvino. Se oye en ese momento un Miserere desde la iglesia vecina. Aroldo se detiene y aparece Briano que le recuerda que un buen cristiano debe perdonar. Aroldo responde que no perdona y tambaleándose, cae derrotado en las gradas del templo.


ACTO III: En una sala de la fortaleza, Egberto está pensativo pues acaba de interceptar una carta en la que Godvino- que ha huido- invita a Mina a reunirse con él. No puede soportar el deshonor que se ha abatido sobre la familia y piensa en el suicidio. Quiere morir pero el recuerdo de la culpa de su hija y el bienestar de Aroldo se lo impiden. Cuando empieza a escribir una carta dirigida a su yerno, Briano le comunica que Godvino volverá al castillo pues ha sido localizado y llamado por Aroldo. Su alegría es grande: piensa que está próximo el momento de su venganza.


Los dos rivales se encuentran: Aroldo pregunta a Godvino qué es lo que haría si Mina fuese libre y éste le responde que eso es imposible. Le invita entonces a entrar en otra habitación contigua donde podrá escuchar la conversación que va a tener con su esposa. Cuando ella aparece, el cruzado le propone el divorcio y así será libre para unirse con el hombre que ama. Mina firma el documento pero le ruega que la escuche como juez: confiesa ante Dios que aunque cometió adulterio, su corazón siempre ha pertenecido a Aroldo. Éste empieza a pensar en que ha sido engañada y merece ser castigado el seductor. Aparece en ese momento Egberto con la espada ensangrentada: el honor de su familia está vengado y Godvino ha muerto. Aroldo huye del lugar ante la desesperación de Mina que cae desmayada.


ACTO IV: En un valle escocés junto al lago Lomond, pastores y cazadores regresan a sus hogares al atardecer. De un monte cercano descienden dos hombres: son Aroldo y Briano, ahora convertidos en ermitaños para buscar la paz. Se dirigen a una cabaña próxima y al escuchar el sonido de una campana, se arrodillan para rezar. Aroldo sigue afligido por los acontecimientos ocurridos pero continúa enamorado de Mina.


Mientras oscurece, una tormenta estalla y agita las aguas del lago donde un bote quiere aproximarse a la orilla. Ayudada por los aldeanos, atraca a duras penas la barca en la ribera. En ella vienen Egberto y Mina, que llaman a la puerta de la humilde choza pidiendo hospitalidad.


Los dos esposos se reconocen. Aroldo intenta rechazar a su mujer y ésta sólo quiere ser perdonada. Briano le recuerda el episodio del Evangelio sobre la Magdalena y, al mismo tiempo que Egberto, pide a Aroldo perdón para la pecadora arrepentida. Él, conmovido, llora y perdona, fundiéndose la pareja en un abrazo.


LA GÉNESIS
Stiffelio se estrenó en Trieste en 1850 (muy rebajada de sus pretensiones iniciales por la
censura) y, desde entonces, no encontraba más que dificultades a la hora de ser montada en los escenarios. La obra gustaba a Verdi como lo demuestra una carta dirigida a Cesare De Sanctis, el amigo napolitano: “De aquellas óperas mías que no están en gira, algunas las abandono porque los argumentos son erróneos pero hay dos que no quisiera olvidar: son Stiffelio y La battaglia di Legnano”.

Después del estreno, los teatros programaban Stiffelio pero tenían que seguir estrictamente las exigencias de los censores que llegaban a cambiar tanto el título como el argumento. Tal es el caso de Roma, Florencia, Nápoles y Palermo, donde la censura papal modificó el título a “Guglielmo Wellingrode” y el pastor protestante pasó a ser un hábil, poco concreto y virtuoso ministro. Esto enfadó mucho al músico.

La ópera tuvo poca vida pues desapareció pronto de la circulación. El maestro se decidió a revisarla, seguro como estaba de su interés dramático y musical. Y la ocasión surgió en 1857: primero pensada para Bolonia pero finalmente se estrenó en Rímini, donde acababan de inaugurar un nuevo teatro.

En aquellos tiempos, esa ciudad situada casi en la frontera entre la Emilia-Romagna y el Marche, no concentraba demasiada población pero sus habitantes eran unos entusiastas de la música. El teatro comunal se les había quedado pequeño para dar cabida a los amantes de la ópera que también llegaban de pueblos vecinos. Por eso la municipalidad decidió edificar un nuevo teatro, cuya dirección administrativa y artística estuvo a cargo de los hermanos Ercole y Luciano Marzi. Para la inauguración le encargaron a Verdi una ópera y así nació Aroldo como una nueva versión revisada de Stiffelio.

Rímini estaba regida por la autoridad pontificia y no se podía jugar con el orden moral. Esto, unido a la experiencia de Trieste que tantos sinsabores produjo a Verdi años atrás, obligó a expurgar las escenas mas chocantes de Stiffelio, cambiando la identidad del pastor protestante original por algo menos comprometido con la religión: un cruzado medieval que quiere divorciarse, algo bien anacrónico para la época que relata.

La revisión hubo de hacerse compaginándola con la creación del Simon Boccanegra, aprovechando una estancia de Piave en Sant’Agata, entre la primavera y comienzos del verano de 1857. Por esta razón no existe correspondencia al respecto de cómo sucedieron los hechos. En carta al editor Ricordi, Verdi escribía: “Piave vendrá expresamente dentro de pocos días a Busetto para arreglar Stiffelio, es decir, para encontrar otro argumento completamente nuevo que sea admisible para nuestra censura. Hará falta cambiar el desenlace y, por tanto, componer algún número nuevo, algún fragmento aquí y allá, algún recitativo, etc., etc., según exija el argumento”.

Verdi no sentía demasiada simpatía por los hermanos Marzi. Estos empresarios habían tenido en concesión varios teatros (Trieste, Reggio Emilia, La Fenice, etc.) y en ninguno habían destacado por la calidad de su gestión y por su honestidad. Por ejemplo, en Reggio Emilia tuvieron que retirar de cartel una “Norma” y el público estaba tan molesto con sus malas actuaciones que, una noche, les siguió hasta su hotel, amenazándoles con terminar con ellos.

Con estos antecedentes, Verdi estaba cada vez mas decidido a descartar su participación en el evento y era Muzio el que le tenía al tanto de todo lo que sucedía. Pero Luciano Marzi le rogó que fuera, argumentando que su ausencia “provocaría una revolución popular en Rímini y causaría la masacre y el asesinato de su hermano” que ya se encontraba allí. Y la verdad es que no lo lamentó.

Acompañado por la Strepponi, Verdi llegó a Rímini el 23 de julio de 1857 y se instalaron, primero en el Hotel de la Poste y luego en el Albergo dell’Aquila. El maestro dirigió algunos ensayos, comprobó que los cantantes, sin ser excepcionales, estaban dando todo lo mejor de sí y se ratificó en el buen hacer del director Mariani a quien le correspondería la mayor parte del éxito inaugural de su ópera. Este encuentro con Angelo Mariani fue muy importante pues inició una amistad profunda que, como solía ocurrir con Verdi, tuvo un final tormentoso.

Ese mes de verano que pasaron en la ciudad, fue para el trío (Verdi, Mariani y Giuseppina) un período de plenitud y distensión. Casi como unas vacaciones que aprovecharon para dar largos paseos y salir a cenar pescado asado y mariscos fritos en las pequeñas “trattorie” de la ciudad, aunque, eso sí, con abundancia de mosquitos que invadían de noche sus habitaciones. El maestro estaba muy satisfecho de los ensayos, de la compañía y, sobre todo, del director de orquesta.

La noche del estreno (16 de agosto de 1857), Rímini se llenó de extranjeros, llegados de la Toscana y la Umbría, y de gente de otras ciudades próximas. Fue un éxito colosal, un verdadero triunfo. Los habitantes de Rímini estaban orgullosos de haber podido atraer a su nuevo teatro al más prestigioso de los compositores de la lírica italiana. Verdi salió a saludar veintisiete veces, e incluso Piave lo hizo en un par de ocasiones.

Al término de la velada, una nutrida multitud siguió a Verdi hasta su apartamento, donde le estaba esperando la Strepponi. Un desfile de antorchas, gritos de “Evviva” y toda clase de ovaciones, evidenciaban su triunfo. Mariani escribiría: “Aroldo provocó euforia. No hubo una sola pieza que no fuese aplaudida; el Maestro fue llamado al escenario un sinfín de veces. Se siente muy feliz de que la representación haya cosechado un éxito tan extraordinario”.

Al día siguiente, la municipalidad organizó un banquete al aire libre para concluir las festividades y honrar a los principales artífices del éxito del día anterior. Piave se unió a los comensales pero Verdi, que temía la exuberante cordialidad de sus admiradores, prefirió abstenerse y regresar de inmediato a Sant’Agata.

Tras este gran éxito, Aroldo se paseó por los teatros italianos y extranjeros, manteniéndose en cartel hasta 1870 (tuvo pues mejor fortuna que Stiffelio). Como ciudades más importantes, recorrió: Viena y Sevilla (1858), Lisboa (1859), Buenos Aires (1860), Montevideo (1861) y Nueva York (1863). Después de 1870 decayó bastante rápidamente hasta desaparecer completamente de los escenarios.

En fechas mas recientes se pudo escuchar en la producción del Maggio Musicale Fiorentino en 1953 y desde entonces las reposiciones fueron sólo esporádicas y producidas fuera de Italia, generalmente Alemania e Inglaterra. Mas contemporáneo, en diciembre de 1985 hubo ocasión de contemplar un Aroldo y un Stiffelio conjunto en el teatro La Fenice de Venecia, donde se manifestó como vencedora Stiffelio por su ejecución musical y escénica.

EL PERFIL
Si se quiere establecer un perfil para Aroldo, entendemos que también debe hablarse de Stiffelio,
pues las dos óperas tratan el mismo tema básico que no cambia: un adulterio y el posterior perdón marital.

Stiffelio (1850), que sólo duró cinco años en los escenarios y de la que la editorial Ricordi destruyó las planchas de la partitura original, corresponde al final de la llamada época de “galeras” y es más cruda, más realista y más actual, perteneciendo al grupo de las llamadas “óperas burguesas” con Luisa Miller y La Traviata. Al estar desaparecida, en nuestra época hubo de esperarse hasta 1968 para conocerla en una partitura autógrafa pero contaminada con algunas intervenciones del editor Rubino Profeta. Ésta sería sustituida por la versión, ya definitiva, de Giovanni Morelli en 1985, representándose en La Fenice de Venecia el 20 de setiembre de ese mismo año.

Aroldo (1857) da un fuerte salto atrás en la época en que se desarrollan los hechos (se remonta a la edad media) pero pertenece a un Verdi más avanzado, justo después de estrenar obras tan importantes como la “trilogía popular”, Las vísperas sicilianas y el Simon Boccanegra.

La envoltura argumental en la que se enmarca el adulterio, es muy diferente y fue buscada expresamente para eliminar las trabas de la censura. Si que es verdad que en los montajes actuales se tiende a “actualizar” la época de Aroldo, sin que por eso se perjudique demasiado a los textos del libreto.

Un porcentaje muy importante de la música se aprovechó y resulta prácticamente igual para ambas óperas, siendo, eso sí, mas cuidada en Aroldo como corresponde al Verdi ya maduro.

Especialmente destacable es la reestructuración que hizo el músico del acto primero en Aroldo, donde consigue un lenguaje más fluido.

Los actos segundo y tercero casi los respetó: En el segundo cambió la cabaleta de Mina por “Ah dal sen di quella tomba- Ah del interior de esa tumba”, mas penetrante, mas eficaz y mucho mas acorde con su personalidad (en Stiffelio canta otra bastante mas trivial: “Perder dunque voi volete- Entonces deseas perder”) y suprimió el final del tercer acto de Stiffelio para dar cabida a un acto mas.

Todo el acto cuarto de Aroldo es absolutamente nuevo con bellos momentos descriptivos pero a cambio se expurgó el final de Stiffelio, de sencilla, poderosa y conmovedora composición: cuando el pastor protestante está leyendo el evangelio desde el púlpito y da el perdón a su esposa.

Acabaremos con unas palabras de Julian Budden, la mayor autoridad en esta materia, quien después de analizar por separado las dos óperas, termina con el siguiente resumen: “… Podemos resumir diciendo que Aroldo vence la comparación en lo que se refiere a la música, Stiffelio en lo que se refiere al drama musical, y cerrar así la cuestión”.

Las dos óperas tienen pues su interés y partes muy destacables, pero no llegan del todo a la redondez deseada respecto a otras obras del maestro. Como consecuencia, en nuestros días, son representadas en muy pocas ocasiones. Stiffelio, por su mejor dramaturgia, suele escenificarse más y ha llamado la atención de cantantes tan importantes como Domingo o Cura. Como curiosidad, ni Stiffelio ni tampoco Aroldo se han podido ver, hasta ahora, en toda la historia del Teatro alla Scala de Milán que acogió, como es bien sabido, una parte importante de los estrenos del músico.

LOS PERSONAJES
Aroldo es una réplica suavizada de Stiffelio y, como ya se ha dicho, la mayor diferencia musical entre estas dos óperas se centra en el añadido de un cuarto acto completamente nuevo. Es fácil pues deducir que los caracteres de los personajes son idénticos entre sí, por lo que es aconsejable leer también los comentarios realizados para Stiffelio.


Son tres los protagonistas principales (tenor, soprano y barítono), con un desarrollo psicológico bastante bien perfilado. El seductor Godvino (tenor) es usado más bien como figura provocadora de los hechos, pero no tiene demasiada trascendencia vocal (salvo en el duelo del segundo acto). Es de relativa importancia el papel de Briano (bajo) que se muestra siempre como hombre piadoso con principios religiosos. El resto de los roles, no están definidos dramáticamente pero participan de forma activa en los conjuntos.


El tenor protagonista queda reflejado como hombre maduro, moderado y prudente, con ribetes de fanatismo y reacciones, a veces, descontroladas. Su registro es más bien central, no emitiendo grandes agudos pero con posibilidad de repentinos ascensos en los que debe mostrar empuje y autoridad. El propio Verdi calificó este rol como de “tenore di forza” y fue el único caso en que apeló a esta vocalidad antes de Otello. Tiene numerosas intervenciones, pero en ninguna llega a adquirir del todo la preponderancia, como ocurre con otros papeles tenoriles de Verdi. Su perfil encaja mas como religioso (Stiffelio) que como hombre de armas (Aroldo). En carta de Verdi a Piave del 10 de marzo de 1856, el músico ya se negaba a esa transformación: “Ya te he dicho que no me gustaría convertir Stiffelio en un cruzado. Algo más nuevo y más picante. Piénsatelo”. Su razón era que con esto se suprimía el núcleo del conflicto dramático. Sin embargo, a pesar de que no le gustaba, quedó definitivamente Aroldo como cruzado y al no existir correspondencia, nunca sabremos porqué sucedió.


La esposa adúltera, representada por una soprano-spinto, es un personaje muy logrado musicalmente, pues Verdi consigue definir a una mujer arrepentida y con problemas de conciencia, mediante momentos cargados de un lirismo desgarrado y otras páginas solistas también atractivas. Su línea de canto, bastante belcantista, seduce mas que la del tenor, cuya vocalidad es mas sobria y recitada. Esta característica de la soprano se acrecienta aún mas en Aroldo, donde Mina consigue robar el protagonismo al cruzado.


El padre de la adúltera (barítono), uno de los muchos progenitores distribuidos en las obras del maestro, es un rol que requiere agudos y flexibilidad y se erige como vengador de su honra, sin que evolucione psicológicamente en ningún momento. Tiene muchas intervenciones, tanto en conjuntos, como en el dúo con su hija y la larga escena del tercer acto que está exclusivamente dedicada a él. Salvo su breve actuación en el cuarto acto, el papel de Egberto en Aroldo, no se diferencia en nada con el de Stankar en Stiffelio.


FRAGMENTOS DESTACADOS
Para señalar las piezas más interesantes, seguiremos, en esta ocasión, el orden de la ópera.

01.- Obertura: Sin que sea de las mejores del músico, merece tenerse en cuenta. Destaca su andante confiado a las trompetas, que reaparecerá en otros lugares de la obra.

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02.- Recitativo y Aria de Mina (soprano)- Acto I: Corresponde a la primera salida en solitario de la protagonista que empieza por un Preludio orquestal para marcar el “tinte” agitado del momento, le sigue un largo Recitativo (Ciel, ch’io respiri- Cielos, déjame respirar), para terminar con un Aria en forma de plegaria (Salvami, salvami tu, gran Dio- Sálvame, sálvame tu, Dios todopoderoso). Mina expresa sus inquietudes por el retorno de su esposo al que ha engañado con otro.

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03.- Dúo Aroldo (tenor) y Mina (soprano)- Acto I: El protagonismo de este dúo es claramente del tenor, sirve para infundir la primera sospecha en el engañado marido y se compone de tres partes: La primera (Sotto il sol di Siria ardente- Bajo el ardiente sol de Siria) relata las penurias por las que pasó, sólo confortado por la esperanza de volver a ver a su esposa; tras un breve diálogo, recuerda que se cumple el aniversario de su boda (Allor dunque sorridimi- Entonces sonríeme); y al echar en falta el anillo matrimonial de Mina, Aroldo se lo recrimina pidiendo explicaciones (Non sai che la sua perdita- No sabes que su pérdida) pero es interrumpido por Briano, teniendo que suspender la conversación.

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04.- Dúo Egberto (barítono) y Mina (soprano)- Acto I: Encuentro de la adúltera con su padre que exige no se lo diga al marido. Estructurado en tres partes: “Dite che il fallo a tergere- Di que para lavar el pecado” donde explica que decírselo significará la muerte de Aroldo, “E dio pure in faccia agl’uomini- Así pues delante de los hombres”, en la que apela a la vergüenza que deberá pasar la familia y “Or meco venite- Ahora ven conmigo” en la que definitivamente le ordena silencio sobre el asunto.

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05.- Aria de Aroldo (tenor)- Acto I: Es el Aria solista mas significativa para definir al personaje. En Aroldo se transforma en “Vi fu in Palestina tal uomo che indegno- Había en Palestina un hombre tan indigno”. Siendo, desde luego, de acento discursivo, en Stiffelio se puede observar claramente que se trata de un sermón tan sólo con leer el texto: “Non solo all’iniquo ch’ha il Maestro venduto- No sólo al inicuo que vendió al Maestro”. No podemos resistirnos a poner las dos versiones.

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06.- Septeto- Acto I: Interesante conjunto que comienza con las palabras de Aroldo “Oh, qual m’invade ed agita- Oh como me invade y agita”, a las cuales se van adhiriendo Mina, Egberto, Elena, Enrico, Godvino y Briano, en un clima de agitación, pues se va a abrir el libro que contiene el mensaje oculto.

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07.- Final Acto I: Comienza con un convulso y enfadado Aroldo, pues su suegro le ha robado la carta secreta, con las palabras “Chi ti salva, o sciagurato- Quien te salvará desgraciado”, quedándose todos perturbados y asombrados por la situación y con Egberto retando en duelo a Godvino.

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08.- Scena de Mina (soprano)- Acto II: Magnífica de inspiración y justamente famosa, define el estado de ansiedad y arrepentimiento de la protagonista de una manera maestra. Es precedida de un Preludio orquestal con decididas intenciones descriptivas de la noche, seguida por el impresionante RecitativoOh cielo, dove son io ?- Oh cielos, ¿Dónde estoy?”. A continuación llega el desgarrado lirismo del AriaAh dagli scanni eterei- Ah desde los sitiales etéreos”. Con un pequeño respiro representado por un diálogo con el ex amante, llega la CabaletaAh dal sen di quella tomba- Ah del interior de esa tumba”, muy difícil de cantar pues se ha de pasar en un salto rápido de la zona media/grave a la aguda.

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09.- Cabaleta de Egberto (barítono)- Acto III: Al comienzo de este acto, el barítono tiene su gran momento solista de una mas que amplia duración. Pensativo, el padre de Mina cavila el suicidio con veneno para luego abandonar esa idea al conocer que ha aparecido el seductor. Es grande su alborozo y culmina su intervención con “Oh giogia inesprimibile- Oh alegría inesperada”. Si se desean oír otras partes de esta escena, acúdase a Stiffelio pues la música y el texto son los mismos.

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10.- La Tormenta- Acto IV: Tenemos a un Verdi descriptivo que, según Budden, anticipa en muchos años el comienzo del Otello. Como ya se ha reiterado, se trata de música compuesta ex profeso para Aroldo junto con todo el cuarto acto.

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DISCOGRAFÍA
De Aroldo existen muy pocas grabaciones discográficas por lo que citaremos sólo las dos mas recientes:

AUDIO 1: Fabio Luisi (1997)
Aroldo Neil Shicoff
Mina Carol Vaness
Egberto Anthony Michaels-Moore
Briano Roberto Scandiuzzi
Godvino Julian Gavin
Enrico Sergio Spina
Elena Marina Comparato
Orquesta: Maggio Musicale Fiorentino
Coro: Maggio Musicale Fiorentino
Grabado en estudio
Philips (462 512-2))

AUDIO 2: Eve Queler (1979)
Aroldo Gianfranco Cecchele
Mina Montserrat Caballé
Egberto Juan Pons
Briano Louis Lebhertz
Godvino Vincenzo Manno
Enrico Paul Rogers
Elena Marianna Busching
Orquesta: Ópera de Nueva York
Coro: N. Y. Westchester Choral Society
Grabado en directo
CBS

En cuanto a DVD, podría ser éste:

DVD: Pier Giorgio Morandi (2003)
Aroldo Gustavo Porta
Mina Adriana Damato
Egberto Franco Vasallo
Briano Enrico Giuseppe Iori
Orquesta: Fondazione Arturo Toscanini
Coro: Coro de Piacenza
Grabado en directo
Bongiovanni