jueves, 1 de mayo de 2008

ATTILA

LIBRETO
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SINOPSIS ARGUMENTAL
"Dramma lirico” en un prólogo y tres actos con libreto de Temistocle Solera completado por Francesco Maria Piave, a partir de la tragedia de 1808 “Attila König der Hunnem” de Zacharias Werner. La ópera se estrenó en el Teatro de la Fenice de Venecia el 17 de marzo de 1846, con la dirección del primer violín Gaetano Mares. Cantaron en esa ocasión:


Atila, (bajo) Ignazio Marini.
Aecio, (barítono) Natale Costantini.
Odabella, (soprano) Sofía Loewe.
Foresto, (tenor) Carlo Guasco.
Uldino, (tenor) Ettore Profili.
Leone, (bajo) Giuseppe Romanelli.


La acción tiene lugar en Aquileya y en las lagunas adriáticas (Prólogo) y luego cerca de Roma (actos I al III), a mediados del siglo V.


Prólogo-escena primera: Entre las ruinas de Aquileia, los hunos y los ostrogodos, aliados suyos, están celebrando la victoria, con proclamas al dios Odin y a su jefe Atila.
Contrariamente a sus órdenes, el esclavo Uldino, apoyándose en el afecto que Atila le profesa, se ha permitido salvar a un grupo de mujeres que había luchado contra el invasor. Entre ellas está Odabella, hija del soberano de Aquileia muerto en combate. Cuando Atila pregunta a Odabella qué hace armada allí, ella responde que las mujeres itálicas siempre están dispuestas para defender a su patria.
Admirado por su valor, Atila le ofrece obsequiarle lo que ella solicite. Odabella no vacila en pedir una espada, con la oculta intención de matar a Atila en cuando ella pueda.
Se van Odabella y las otras mujeres salvadas y Atila recibe al enviado de Roma. Es Ezio, general que en otras ocasiones había derrotado a Atila. En privado, Ezio expone a Atila su lucha por defender el trono gobernado por Valentiano III, un muchacho indolente e inexperto. Ezio propone que sería mejor que Atila se quedara con todo el mundo y dejara en sus manos el dominio de Italia. El bárbaro no acepta, con lo cual Ezio tendrá que continuar defendiendo Italia como enviado del Emperador.


Prólogo- Escena segunda: Embarcadero frente a la laguna adriática (donde más tarde se alzará Venecia). Es la madrugada y una tempestad está disipándose.
Un grupo de ermitaños está rezando ante un altar de piedra. Llegan barcas de refugiados de Aquileia dirigidos por Foresto, un valeroso luchador y enamorado amante de Odabella, de quien está preocupado por no saber su paradero.
Sale el sol, que todos toman como buen augurio y Foresto, dirigiéndose a los refugiados, los anima a fundar una ciudad en aquel lugar que se alce como un ave fénix.


ACTO I- Escena primera: En el camino que conduce a Roma, no lejos de la ciudad, donde Atila ha montado su campamento previo al asalto.
Odabella, que ha viajado con Atila, recuerda a su padre y a Foresto.
De pronto aparece éste ante Odabella, pero cuando ella quiere abrazarlo, Foresto la rechaza, increpándola por sonreír al asesino de su padre y convivir con él mientras él, su amado, se juega la vida por encontrarla.
Odabella le recuerda la historia bíblica de Judith, quien en similares circunstancias salvó a Israel. Foresto comprende su error y pide perdón, para luego abrazar tiernamente a Odabella.


ACTO I- Escena Segunda: En su tienda, Atila ha tenido una pesadilla: en su avance hacia Roma un anciano le ha impedido el paso con un poder invencible. Para superar el temor que le infunde esta visión, Atila llama a sus huestes y ordena avanzar sobre Roma. Pero se oyen los himnos de doncellas y niños romanos y ante la comitiva aparece el mismo anciano del sueño de Atila. Es el obispo de Roma, que impide el avance de las tropas invasoras con un gesto imperioso.
Atila se postra en el suelo frente la figura de Dios, provocando el comentario de todos por el extraño cambio sufrido por el temible bárbaro ante el poder divino


ACTO II- Escena Primera: En el campamento romano, Ezio lee una carta del emperador en la que impone una tregua con los hunos y le ordena regresar a Roma. Ezio se siente molesto por el hecho de que un joven emperador le de órdenes.
Llega un grupo de hunos para invitar a Ezio a un banquete con Atila. Éstos se van, pero uno de ellos se queda. Es Foresto, disfrazado, quien no importándole morir luchando por Roma, pide a Ezio que dirija un alzamiento contra Atila.


ACTO II-Escena segunda: Se celebra el banquete en la tienda de Atila. Se anuncia la llegada del enviado romano y Atila lo recibe con honores.
Un grupo de druidas asegura que el dios Odín no quiere que Atila se siente a la mesa con sus enemigos. Atila no hace caso, pero durante la comida hay una tempestad que deja la tienda en penumbras.
Foresto ha aprovechado la confusión para echar vino envenenado en la copa destinada a Atila. Esto indigna a Odabella, porque quiere ser ella misma quien mate al tirano.
Mientras tanto se han vuelto a encender las antorchas y Atila está a punto de brindar por su dios cuando Odabella detiene el brindis y le advierte el peligro que contiene la bebida.
Furioso, Atila exige saber quien es el responsable. Foresto se adelanta y Atila quiete matarlo, pero Odabella pide que le entreguen a Foresto como esclavo, como premio por haber salvado a Atila. Este accede, pero anuncia otro premio para Odabella: será su esposa y reina.
Odabella ordena a Foresto que huya, cosa que éste hace no sin maldecir antes la aparente traición de su amada. Los hunos reunidos exigen a su jefe que prosiga su interrumpido avance contra los romanos.


ACTO III: En un bosque Foresto espera oculto tener noticias de la anunciada boda de Atila con Odabella, a quien sigue considerando una traidora.
Se oyen los cánticos nupciales a distancia y aparece Odabella, disputando con el fantasma de su padre el derecho a casarse con Atila.
Foresto se da a conocer y le dice que es demasiado tarde para arrepentirse de ello, pero Odabella le jura que nunca ha dejado de amarlo. Llega Ezio y poco después Atila, quien encontrándolos reunidos los acusa a todos de traidores.
Soldados romanos, instruidos por Ezio y Foresto se precipitan sobre Atila para darle muerte, pero Odabella se les adelanta y, tomando la espada que el invasor le había regalado, la empuña y la entierra en el corazón de Atila.


AUDIO-VIDEO
Para incitar a la escucha de esta ópera, se incluye este audio de unos quince minutos

video


UN RETORNO AL PASADO Y ALGO MÁS
Para introducir “Attila” y otras óperas tempranas de Verdi, y para comprender su significado en unos momentos cruciales de la historia de Italia, cobran plena validez las palabras de Jacopo Capón: “Verdi comenzó a instigar una acción patriótica con su música. Los extranjeros nunca podrán comprender la influencia que durante un cierto período ejercieron las ardientes melodías que Verdi concebía, cuando situaciones, o incluso versos aislados evocaban la desgraciada condición en que se hallaba el pueblo italiano, sus recuerdos y sus esperanzas. El público veía alusiones por doquier, pero Giuseppe Verdi las visualizaba antes, adaptándolas a su inspirada música, lo que a menudo terminaba provocando una verdadera revolución en los teatros”.

Estos juicios se complementan con los de Luigi Dallapicola, quien al respecto señala: “El fenómeno Verdi es inconcebible sin asociarlo al movimiento del Risorgimento Italiano. No importa que Verdi haya desempeñado en él un papel importante o no. Lo que interesa es que absorbió su atmósfera y su tono, y formuló, tanto en palabras como en música, un estilo a través del cual el pueblo italiano encontró la clave de su dramática situación y vibró con ella”.

Estas citas son válidas para adentrase en la primera etapa de la producción verdiana, enmarcada
plenamente en una corriente “patriótica”, con óperas escritas por el libretista Temístocle Solera. Luego Verdi, junto a Francesco Maria Piave pasaría a componer títulos donde si bien lo patriótico no desaparece, deja paso al tratamiento de dramas centrados en personajes específicos. En lo temático tales óperas poseen el común denominador de exaltar valores patrios, que en tiempos del Risorgimento Italiano, provocaban el delirio del público, más todavía cuando su música, llena de fáciles y rítmicas melodías, buscavan expresamente ese objetivo.

Queda claro pues, que con la práctica acumulada, tanto Solera como Verdi sabían muy bien como hacer vibrar a los espectadores cuando trataban un tema épico. Tras la experiencia de Nabucco, I Lombardi y en algún punto Ernani, la lección la tenían bien aprendida. Descarto conscientemente a Giovanna D’Arco porque aunque dicen que también hay ardor patriótico, yo no veo mas que una serie de fanfarrias militares. Attila no podía librarse de esta característica. Y mas cuando el tema trataba de situar al imperio romano (itálicos en definitiva) frente a las garras de un invasor extranjero (con clara referencia a los austríacos). Son abundantes los momentos en los que se recurre a esta llamada patriótica. Por lo menos, destacar los siguientes:
1.- El cariño desmesurado por su patria que demuestra Odabella en: “Santo di patria
2.- Este sentimiento lo comparte con Foresto que en su cabaleta empieza nada menos que con: “Cara patria, già madre e reina
3.- El propio Ezio hace una alusión que tocó directamente al corazón independentista de los italianos con: “Avrai tu l’universo, resti l’Italia a me (tendrás el universo, déjame a mi Italia)” que fue contestada por los asistentes a la representación, interrumpiendo el dúo con “a noi, a noi”, con salva de aplausos y un principio de insurrección que los soldados austriacos tuvieron que acallar. (Nótese que ésta frase se repite hasta catorce veces en el dúo).
4.- La presencia de la laguna en los decorados, donde los derrotados de Aquileya fundaron Venecia (hecho bien conocido por los venecianos).
5.- El mensaje subliminal del Papa León a Atila para que "se mantenga apartado del territorio de los dioses".
6.- En el Acto II, cuadro 2, cuando se plantea un atentado contra Atila: “Matemos al tirano y volveremos a ser fuertes. La libertad se obtiene por la fuerza”.

Es bastante curioso que ni libretista ni compositor se “dieran cuenta” de que a Atila le otorgaban un carácter “demasiado noble” y que Odabella y Foresto defendieran a Roma “con complots moralmente inaceptables”. Resulta también extraño que Odabella salve a Atila de morir envenenado para después apuñalarlo (cosas de la convención teatral). Lo bueno de esta ópera (operón según algunos por su robusta vocalidad en los personajes principales) es que además podría tener “otras lecturas”:
* Es la única ópera verdiana que tiene a un bajo como titular aunque esto no sea del todo cierto al existir Oberto pero es que no tienen nada que ver uno con otro.


* El argumento fue elegido por la fuerza de las situaciones y los personajes, por la violencia de los sentimientos y por, como no, las alusiones patrióticas. Pero parece que marca un punto de inflexión pues el compositor muestra por primera vez una inquietud por respetar en lo posible la “verdad histórica” (o lo que entonces se entendía por eso) lo que equivale a un afán de autenticidad.


* Abandona su antigua propensión a introducir en sus óperas fragmentos cuyo origen había que buscar en sus tiempos de Busseto, con su gusto por las marchas, los metales y las fanfarrias. Un buen ejemplo del punto anterior es la Sinfonía inicial, muy estimable y una de sus mejores oberturas que comparada con la de la Giovanna está a años luz.


* Por primera vez Verdi intenta un pasaje de música descriptiva: el momento en que amanece sobre la laguna mientras la tempestad cede al salir el sol y el coro de los eremitas reza en absorto fervor. Se cierra con la agitada llegada de los expatriados de Aquileya y la primera aria de Foresto. Introduce en su música el sentimiento de la naturaleza, vinculándola a la situación emotiva representada, consiguiendo un resultado notable.


* El concertante que cierra el segundo acto donde, también por primera vez, en lugar de ser estático, los acontecimientos se suceden con mucha rapidez, consiguiendo casi su deseo de captar situaciones en movimiento

GÉNESIS DE “ATTILA”
Verdi leyó un ensayo de Madame de Staël (De l’Alemagne), que contenía un resumen del drama de Zacharias Werner, “Attila rey de los hunos”. Fue el conde-consorte Andrea Maffei (futuro libretista de I Masnadieri) quien, cierto día, le propuso a Verdi componer sobre un tema "bárbaro" y el maestro, en recuerdo de esas recientes lecturas que le habían entusiasmado, comenzó a pensar en adaptar el drama de Werner. Primero escogió a Piave pero luego cambió de idea y reservó a este para la ópera que pensaba estrenar en Londres (I Masnadieri), aunque tampoco este libreto fue finalmente escrito por el veneciano. Encargada la transposición en versos a Temistocle Solera, Verdi eligió el Teatro La Fenice de Venecia como lugar idóneo para su primera representación con el título inicial de: “Attila, il re delle mille foreste (el rey de los mil bosques)”. Solera no era muy rápido trabajando y en agosto de 1845, cuando Verdi regresó de Nápoles, le entregó el manuscrito inconcluso sobre el que el compositor no pudo empezar a trabajar hasta principios del otoño en Busseto. Las últimas escenas del libreto no las pudo realizar porque Solera se había ido a Madrid acompañando a su esposa y allí fue preso por deudas. Era el punto y final a su colaboración con él. Verdi decidió entonces encargar a Francesco Maria Piave la finalización del libreto.


La partitura de Attila estaba apenas terminada y la orquestación todavía por escribirse, cuando Verdi llegó a Venecia en noviembre de 1845. Le esperaba su amigo Piave y la ópera había sido programada para la temporada de carnaval. Como casi siempre hacía el compositor, antes de estrenar una nueva ópera, reponía o estrenaba en el lugar, alguna de sus óperas anteriores. En este caso fueron Giovanna D’Arco y Un giorno di regno. La primera tuvo una acogida más bien fría pero el Giorno, que había sido silbada en Milán cinco años atrás, tenía un enorme éxito en el teatro San Benedetto. No obstante la Giovanna -que se estrenó en La Fenice el 26 de diciembre de 1845- contó con la presencia como espectadores del zar de Rusia y la zarina los cuales, en visita por la península itálica y después de haber visto en Milán I due Foscari, no quisieron perderse este evento y retrasaron por algunos días su partida.


Pero Verdi no pudo asistir a estas representaciones pues, con el invierno veneciano, sufrió una de sus más graves crisis, debiendo guardar cama a causa de un resfriado. Tuvo que permanecer en su habitación durante casi un mes y aunque su vida no estuvo realmente en peligro, durante algún tiempo circuló en Venecia el rumor de su muerte. Sólo pudo retomar su actividad en los últimos días de Enero de 1846.


Para comprender la constante evolución musical de Verdi, creo puede ser interesante una pequeña anécdota. Piave, en carta de noviembre de 1845, había escrito al maestro recordándole que en Venecia existía “una excelente banda militar” por si la podía necesitar para su ópera. Esta fue la respuesta del compositor: ”Se que la banda “Kinschi” es una banda excelente, como pude comprobar el año pasado, pero estoy cansado de esas fanfarrias en escena [,,] Esas bandas ya no tienen el prestigio de la novedad. Y por otra parte, también me cansaron las marchas. Ya hice demasiadas: una guerrera en Nabucco, otra solemne y grave en Giovanna d’Arco y ya no podré hacer otras mejores que ésas. ¿Acaso no se puede hacer una ópera grandiosa sin el estrépito de las fanfarrias? ¿Y Guillermo Tell? ¿Y Roberto el Diablo? ¿No son grandiosas? ¡Y, sin embargo, no tienen fanfarrias! Ahora la banda militar es un género provinciano (provincialata) que ya no tiene razón de ser en las grandes ciudades". Es un tema importante porque configura a un Verdi consciente de que en sus óperas todavía quedaban marcas del provincialismo y de una espontaneidad popular que no siempre escapaba a la vulgaridad.


Después de algunas postergaciones de la fecha de estreno debido a los ya citados problemas de salud del compositor y a los arreglos finales del libreto, la premiere de “Attila” se concretó el 17 marzo de 1846 en el Teatro La Fenice de Venecia. El éxito fue enorme y la audiencia veneciana respondió con desbordante entusiasmo ante escenas que inflamaron su patriotismo. Tras la función Verdi proclamado casi como un héroe, fue escoltado hasta su hotel en medio de flores, bandas y antorchas.


ATILA EN LA HISTORIA
Sólo para enmarcar históricamente la ópera, señálese que Atila fue un personaje histórico, que
vivió en la primera mitad del Siglo V. Fue el último y el más poderoso líder de los hunos, llamados “barbaros” por lo romanos. Constituidos en una confederación de tribus euroasiáticas de diversos orígenes, Atila gobernó el mayor imperio europeo de su tiempo desde el año 434 hasta su muerte (acaecida el año 453). Aunque su imperio murió con él y no dejó ninguna herencia destacada, se convirtió en figura legendaria de la historia de Europa, donde se le recuerda como el paradigma mismo de la crueldad. En tal sentido, famosa es la frase que señala que “por donde pasaba el caballo de Atila no volvía a crecer la hierba” queriéndole mostrar como símbolo de la ferocidad. Esto es debido a interpretaciones históricas románticas en las que se consideró la invasión bárbara (los romanos con esta palabra sólo querían decir extranjero) como un gran desastre, primero para el imperio y luego para la humanidad.

El escritor griego Prisco fue a visitar a Atila (por cierto su nombre, dado por los godos, significa “padrecito”) formando parte de una embajada procedente del Imperio de Oriente. En su relato ha dejado una descripción de la capital del imperio huno (Aetzelburg- cerca de la actual Budapest): “Estaba formada por casas de madera y el palacio de Atila estaba situado en lo alto de una colina, rodeada por una empalizada y torres de vigía, donde la guardia impedía el acceso. Incluso tenía unas termas al estilo romano. La casa de la reina estaba forrada de tapices de lana y en los banquetes no faltaba música ni bufones".

Por último decir que en la ópera dos son personajes históricos: Attila y Ezio (también llamado Aecio o Aetius) un germano que había vivido como rehén en la corte: Tenía a sus órdenes unos 60.000 hombres y por eso se le dio el título de general en jefe de la península itálica.

DISCOGRAFÍA
Muy abundante es la discografía de Attila de la que destacaremos dos grabaciones:

1.- AUDIO- Lamberto Gardelli (1972)
Attila Ruggero Raimondi
Ezio Sherrill Milnes
Odabella Cristina Deutekom
Foresto Carlo Bergonzi
Uldino Riccardo Cassinelli
Leone Jules Bastin
Orquesta: Royal Philarmonic
Coro: Ambrosian Singers
Grabado en estudio
Philips

2.- AUDIO- Riccardo Muti (1989)
Attila Samuel Ramey
Ezio Giorgio Zancanaro
Odabella Cheryl Studer
Foresto Neil Shicoff
Uldino Ernesto Gavazzi
Leone Giorgio Surjan
Orquesta: Teatro alla Scala di Milano
Coro: Teatro alla Scala di Milano
Grabado en directo
Emi

En cuanto a DVD elegimos

DVD- Riccardo Muti (1991)
Attila Samuel Ramey
Ezio Giorgio Zancanaro
Odabella Cheryl Studer
Foresto Kaludi Kaludov
Uldino Ernesto Gavazzi
Leone Mario Luperi
Orquesta: Teatro alla Scala di Milano
Coro: Teatro alla Scala di Milano
Grabado en directo
Opus Arte

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