lunes, 21 de octubre de 2013

ORADOR IMPROVISADO

ANÉCDOTAS OPERÍSTICAS

Hoy me apetece acudir a mis recuerdos en lugar de
vivencias ajenas. Se trata de un suceso que me ocurrió hace algunos años y del que quiero haceros partícipes pues me parece simpático.

Corría el año 1985 y, por motivos de trabajo, acepté un traslado a las cálidas tierras levantinas que proporcionan una buena parte del turismo nacional y extranjero, y producen la mayoría de los cítricos de España, famosos en todo el mundo. Como todos los traslados, éste fue también muy laborioso. Desmontar una casa para volverla a montar, buscar colegio para los hijos, acomodarse, tratar de acostumbrarse a nuevos hábitos,
conocer otras gentes y costumbres, etc. A todos los que no os ha tocado realizar estos desplazamientos, no podéis haceros idea de lo que cuestan físicamente. Es agotador.

Por fortuna, todo había salido bastante bien. Sobre todo el colegio del hijo, muy próximo a nuestra nueva vivienda. Pero el de las chicas, dio muchísimos problemas. A lo primero que acudí fue a una institución religiosa, puerta con puerta de nuestra vivienda. Pasé por todos los puestos de responsabilidad y la respuesta para encontrar dos plazas escolares, fue negativa. Cansado y en parte avergonzado de las muchas veces que fui a
parlamentar con las religiosas, solicité, un día, hablar con la Directora. La hermana Secretaria, harta de mi insistencia, me dijo “Mire, por allí va”, señalándome un lugar en el patio de juegos.

Ni corto, ni perezoso, hacia ella me dirigí con una cierta premura, para que no se me escapara. Era una mujer grande, de inmenso cuerpo y muy campechanota. Al ver que claramente, me dirigía a su encuentro, se anticipó y me dijo “Hombre, ya era hora, las niñas le están esperando desde hace un buen rato”. Para, a continuación, echar a andar cruzando el área de recreo. Me lo dijo con tal ánimo y se puso en marcha con tal coraje, que no tuve más remedio que seguirla para ver como terminaba aquello.
Llegados al aula donde estaban reunidas las colegialas, en la misma puerta me dice: “¿Necesita Vd. algo para empezar? ¿Ha traído algunos apun
tes de los que podamos sacar fotocopia para entregar?” La verdad es que yo estaba cada vez más asombrado. No tuve más remedio que preguntarle 
¿Pero madre, Vd. quien cree que soy?
         ¿Cómo quien es?- me respondió- pues el conferenciante que viene a hablar a las niñas   de Beethoven
    Bueno Mujer, en mi modestia, yo puedo, si quiere, improvisar algo sobre el tema, pero no he venido preparado, ya que no soy el que Vd. se piensa.

Las risotadas que lanzó la campechana Madre Superiora, se oyeron en todo el colegio. Me presenté, diciéndole que no era más que un padre, preocupado porque sus hijas no tenían plaza escolar. Ella me oyó
con mucha atención y tuvimos varias entrevistas posteriores en las que, decididamente, se resolvió el problema que tanto me preocupaba.


Durante mi estancia en la zona, se inauguró el Palau de la Música, donde pude disfrutar de fantásticos momentos escuchando a importantes intérpretes. En cuanto a la Directora, nos hicimos amigos y todavía hoy, nos escribimos alguna vez. ¡Presentar aspecto de forofo de la musicomanía, tiene sus ventajas!, como se ha podido ver.